Independencia Financiera es uno de los términos más utilizados en planeamiento financiero y en finanzas personales. El motivo es simple: volverse independiente, financieramente hablando, es el máximo premio a una vida financiera ordenada y a los sacrificios que ésta ha significado en el camino. Es el gran objetivo.
La pregunta clave es entonces ¿qué es independencia financiera? Suena bastante bien, pero ¿es alcanzable? Muchos automáticamente descartan la posibilidad de alcanzarla porque asumen que es algo a lo que sólo los ricos pueden acceder. ¿Es esto así?
Según Wikipedia, la Independencia Financiera se puede definir como la capacidad de un individuo de cubrir todas sus necesidades económicas sin que para ello tenga que realizar ningún tipo de actividad. Sí, es algo que seguramente todos queremos alcanzar, pero suena intimidante y distante eso de cubrir nuestras necesidades sin tener que trabajar. Y además está la enorme incógnita de cómo alcanzarla.
En la práctica lo que sucede es que cada persona ajusta el término a su conveniencia, buscando una definición adaptada a sus creencias y realidad. Para algunos, la independencia financiera es dejar de trabajar para una empresa y mudarse a vivir en la playa sin tener que preocuparse nunca más por dinero. Para otros, es el punto en el que tenemos suficiente riqueza para empezar a devolver algo a la sociedad y a quienes más lo necesitan. Otro grupo de gente siente que alcanzó la independencia financiera cuando encuentran un trabajo que disfrutan y ha conseguido alinear su vida laboral con la personal, ganando dinero por hacer lo que le gusta y viviendo la vida que siempre quisieron
¿Y tú? ¿Qué significa para ti la independencia financiera? ¿Es uno de tus objetivos o lo tienes fuera de tu radar?
Si nos guiamos por la definición de qué es independencia financiera, encontraremos que es bastante relativo y varía mucho de una persona a otra. Veamos dos ejemplos para empezar a romper los mitos que riqueza es sinónimo de independencia financiera:
- Manuel trabaja para una empresa hace 15 años. Es casado y tiene dos hijos en edad escolar. Tiene un ingreso mensual de $2,000 y un estilo de vida que significa gastos de $1,500. Los otros $500 los ahorra y ha acumulado buena parte de sus gratificaciones e ingresos extraordinarios a lo largo del camino, que le ha permitido superar recientemente la marca de $225,000. Manuel ha participado activamente de sus decisiones de inversión y ha generado un 9% de rentabilidad anual sobre sus ahorros en los últimos años. Si hacemos el ejercicio, ese 9% de rentabilidad significa que anualmente los ahorros de Manuel generan $18,000, que equivale a $1,500 mensuales. Manuel es financieramente independiente porque genera ingresos pasivos (no relacionados a su actividad laboral, sino como consecuencia de sus inversiones) que le permitirían seguir viviendo su mismo estilo de vida en el futuro.
- Roberto, por otro lado, tiene un patrimonio que recibió como adelanto de herencia que suma $750,000. Roberto viene de una familia con una buena posición económica, por lo tanto siempre tuvo un nivel de vida bastante elevado y decidió nunca trabajar. Es soltero y no tiene hijos, pero aún así genera gastos mensuales que superan los $8,000 en promedio. Asumiendo que Roberto reciba el mismo nivel de rentabilidad que Manuel por sus ahorros e inversiones, en este caso no le alcanza para costear su estilo de vida, pues gasta $8,000 mensuales y genera $5,000. Para cubrir la diferencia, Roberto tiene que tomar $3,000 mensuales de su patrimonio, restando al mismo y reduciendo paulatinamente su capacidad de generar retornos en el tiempo. Aunque sus ahorros son más elevados y pareciera que la situación de Roberto es considerablemente mejor, él no es financieramente independiente y tiene que hacer ajustes para asegurarse de no perder ese patrimonio.
Queda claro, entonces, que no necesariamente una persona con mayor riqueza está más cerca de alcanzar la independencia financiera. Este concepto no hace referencia a cuánto tenemos, sino más bien a cómo se combinan los distintos elementos de ingresos, ahorros y gastos. La dinámica que resulte de este ejercicio nos dirá qué tan cerca estamos de alcanzar la independencia financiera.
Robert Kiyosaki, gurú en la materia, habla mucho sobre el tema en su obra maestra, “Padre Rico, Padre Pobre”. Él habla sobre la necesidad de entender cómo funciona el dinero para que nos escapemos de ese círculo vicioso de deudas eternas. ¿Cómo? Destinando nuestro dinero a comprar activos que generen ingresos pasivos y, cuando esos ingresos pasivos nos alcancen para sostenernos (es decir, cuando hayamos alcanzado la independencia financiera) empezar a comprarnos los bienes que tradicionalmente se consideran activos, como la casa propia, el carro, etc. Es un enfoque bastante extremo, a mi parecer, pero no deja de tener sentido. Personalmente me inclino más hacia un enfoque combinado, en el cual adquiramos paulatinamente los activos que consideramos importantes para nuestro uso propio y, simultáneamente, construyamos una cultura de ahorro que nos permita acumular bienes que generen ingresos.
Alcanzar la independencia financiera está en nuestras manos. Todos podemos llegar a ella si es que hemos logrado tomar el control de nuestras finanzas y podemos calcular qué necesitamos para llegar. El camino no es rápido y no es fácil, pero una administración adecuada de nuestro dinero y un objetivo claro pueden ser todo lo que necesitamos para alcanzarlo. Y tú, ¿ya estás en camino a la independencia financiera? Cuéntanos qué estás haciendo para alcanzarla.
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Muy interesante aporte. Tener conocimientos sobre finanzas es muy importante en estos tiempos de crisis económica, pues estos conocimientos te permitirán adquirir el mayor ahorro monetario y evitar endeudamientos innecesarios.